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Gerardo Telo, un lucense de 103 años: «Eu sonlle medio moderno»

06/06/2024· NOTICIAS PUBLICADAS SOBRE LAS PERSONAS MAYORES

En la pequeña aldea de O Lago, en la parroquia de Fontarón (Becerreá) vive Gerardo Telo Pereira, un hombre que puede presumir de haber llegado a los 103 años «sen grandes achaques». En noviembre de este 2022, espera cumplir 104. Sin embargo, si usted le pregunta a Gerardo por su edad, él no dudará en decirle, entre risas, que tiene 23.

Además, este señor que nació en 1918 puede decir de que la sordera es su mayor problema de salud. Sobre su historia personal, cuenta que «nacín noutra aldea, pero vin pronto, tras casarme, para O Lago, e aquí pasei a miña vida», sostiene Gerardo, que aún se maneja ágilmente con la ayuda de sus muletas. Fue labrador de vocación y también de profesión, «con moita escravitude», asume. Asimismo, añade con orgullo que «non houbo outro mellor ca min nesta zona. Fixen a casa dende a primeira pedra», defiende. Los animales y la huerta fueron siempre sus grandes dedicaciones. Ahora, Gerardo vive con su hijo y su nuera, en una casa en la que todavía perviven 30 vacas cuidadas por este matrimonio, que también decidió apostar por el mundo rural.

UN SIGLO DE VIVENCIAS
Hablar con alguien que presume de tener 103 años es una gran oportunidad para hacer una cronología rápida del último siglo: «A min gústame máis a vida de agora que a de antes. Daquela... é mellor non pensar, porque non creriades as que pasei. Fame, sede... e sen ter onde durmir, traballando de noite e de día. Casei no campo e pese a todo, fun feliz», añade este lucense, que no duda en regalar un sinfín de halagos hacia su hijo: «É a gran persoa do mundo».

Además, Gerardo presume de ser «medio moderno» y dice que es perfectamente consciente de los cambios sociales y culturales que se produjeron década tras década. Sin embargo, la pandemia lo impactó y aún le cuesta comprender las dimensiones del coronavirus. Se refiere a ella como si fuese «unha guerra», pero ha interiorizado el uso de la mascarilla: «Sei que hai que poñela por esa enfermidade de agora», dice de refilón.

«A min gústame máis a vida de agora que a de antes»
Las rutinas para alguien de su edad son sencillas y a Gerardo le gusta la televisión, pero no maneja teléfonos móviles. Aunque se queja de su estado de salud, como todo buen anciano que se precie, lo cierto es que sus motivos no son de peso porque vive entre algodones. «Déitase, levántase e come só. Pola mañá almorza na cama e despois de comer, deitase no banco de detrás da cociña», cuenta su nuera, que lo cuida a diario.

Por el momento, este lucense goza de energía y es que pertenece a una familia de longevos. El mayor disgusto en su siglo de vida fue, sin duda, la muerte de su mujer, a la que perdió hace 10 años: «Unha muller como aquela non hai no mundo», dice, y es que aún se emociona al hablar de ella mientras mira de soslayo por la ventana de su casa, que se ciñe sobre las imponentes montañas de Os Ancares.

 
 
 

 

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